¿Qué es la Mayordomía en la Biblia?

Uno de los grandes desafios del creyente es administrar correctamente todas las cosas que posee. La Biblia es clara y menciona constantemente que Dios quiere que sus hijos sean completamente integros y semejantes al Señor Jesucristo.

Antes de conocer a Cristo, es común creer que todo aquello que conseguimos con nuestro trabajo o estudios merece nuestra gloria y orgullo, sin embargo, al conocer al Señor, entendemos que todo lo que recibimos es por su amor y misericordia, por tanto, veamos ¿qué es la mayordomía en la Biblia?

La mayordomía en la Biblia es la responsabilidad que tiene cada cristiano con la administración de los bienes espirituales y materiales que Dios le ha dado, de los cuales deberá dar cuentas a su debido tiempo delante de Dios.

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¿Por qué es importante la mayordomía cristiana?

Ignorar la importancia fundamental de la mayordomía cristiana a la luz de la enseñanza bíblica significa cometer un error muy grave que afrenta incluso el propósito básico para el que Dios nos creó.

Dios creó al hombre para su gloria y lo hizo a su imagen y semejanza. Por lo tanto, la Biblia nos instruye a hacer todas las cosas para la gloria de Dios.

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Evidentemente, esta verdad es muy importante porque tenemos una gran responsabilidad como representantes de Dios que han de reflejar su gloria en este mundo; como siervos a los que ha dado la administración de los bienes y recursos.

El significado de la mayordomía

La mayordomía es el oficio de administrar. El mayordomo es la persona responsable de la gestión de una propiedad, es decir, el mayordomo es un administrador.

La palabra mayordomo viene del latín major domus que significa «mayordomo de una casa», en el sentido de indicar el empleado más importante de una propiedad.

Así que si el mayordomo es básicamente un administrador de la propiedad de otro, la mayordomía es el ejercicio de ese oficio. En el Nuevo Testamento la palabra griega oikonomia se refiere a la administración.

Hablando literalmente del oficio de mayordomo, el Antiguo Testamento habla de algunas personas que desempeñaban esta función con gran responsabilidad. Aquí podemos destacar dos ejemplos:

El primero es el ejemplo de Eliezer. Era el administrador de Abraham, es decir, la persona que gobernaba todo lo que el patriarca hebreo poseía (Génesis 15:2; 24:12-14).

El segundo es el ejemplo de José, hijo de Jacob. Antes de ser gobernador de Egipto, José fue mayordomo en la casa de Potifar (Génesis 39:4,6).

Importante: El concepto de mayordomía fue explorado muchas veces en el Nuevo Testamento para enseñar sobre las responsabilidades de los creyentes. El propio Jesús utiliza la figura del mayordomo en algunas de sus parábolas.

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Administradores de Dios

La administración cristiana debe partir de la verdad fundamental de que Dios es el creador y sustentador de todas las cosas. Esto significa que Él es el dueño de todo, y nada nos pertenece. Estamos acostumbrados a vernos como los dueños de las cosas, pero en realidad somos simplemente administradores.

La Biblia dice que Dios es dueño de los cielos y de la tierra (Génesis 14:22). Todo en el universo pertenece al Señor (Deuteronomio 10:14). El salmista enseña que «Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan» (Salmo 24:1).

Qué es la Mayordomía en la Biblia Salmo 24-1

Desde la creación del hombre, la Biblia muestra que el hombre fue llamado a administrar. Poco después de ser creado, el Señor encargó a Adán a que cuidara, sometiera y dominara la creación (Génesis 1:28-30; 2:15).

El Rey David también habla de la mayordomía del hombre en el sentido del dominio de Dios sobre la creación (Salmo 8:3-9).

Así que, como administradores de Dios, somos responsables de todo lo que Él nos da, tanto material como espiritualmente. Es decir, que nuestra responsabilidad se extiende desde el uso correcto de los recursos del planeta, hasta las posesiones, los dones, los talentos, el tiempo y los conocimientos que recibimos, e incluso nuestros cuerpo.

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El hombre, un mayordomo caído

Como se ha dicho, Dios es el dueño de todo y nos ha dado la responsabilidad de lo que le pertenece. Pero la historia de la humanidad ha demostrado que la mayoría de las veces ha sido defectuosa y trágica.

Adán, por ejemplo, fue el primer administrador infiel. No obedeció el mandato del Señor y causó que el pecado gobernara la humanidad, ocasionando un estado de rebelión contra Dios (Génesis 3). En consecuencia, la creación fue sometida a la maldición y a los efectos del pecado.

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Esto significa que en su naturaleza caída, es imposible que el hombre sea un buen administrador de las cosas de Dios. Es cierto que por la gracia común que Dios derrama sobre los hombres, no todos son tan malos como pueden ser.

La mayordomía renovada después del nuevo nacimiento

Sin el nuevo nacimiento, el hombre nunca podrá desempeñar la mayordomía a la que ha sido llamado en su sentido más pleno, sino que será gobernado por sus deseos egoístas y vanagloriosos.

Por lo tanto, la mayordomía cristiana debe ser el ejemplo de mayordomía que originalmente todos los hombres estaban llamados a cumplir. Es decir, que es inaceptable que un creyente que ha nacido de nuevo sea negligente con las cuestiones que rodean la administración de las cosa que el Señor le ha entregado.

Vea aquí: ¿Por qué sin fe es imposible agradar a Dios?

Un llamado a la mayordomía cristiana

Como seguidores de Cristo, no podemos ignorar nuestra responsabilidad en la administración cristiana, porque esto ocasionaría despreciar la voluntad del Señor.

En la parábola de los dos siervos, Jesús enseña: «¿Dónde se halla un mayordomo fiel y prudente a quien su señor deja encargado de los siervos para repartirles la comida a su debido tiempo?» (Lucas 12:42-43).

Pero en la misma parábola Jesús advierte del peligro de la mala administración cristiana (Lucas 12:45-46). Además, cuanto más conocimiento tenga el mayordomo de la voluntad de su amo, más responsabilidad tendrá, de modo que en el día del Tribunal de Cristo (Romanos 14:10-12) será tratado con dureza (Lucas 12:47-48).

La parábola de los talentos es otro texto bíblico que subraya que estamos llamados a la administración cristiana (Mateo 25:14-30).

Cada creyente recibe dones, oportunidades y recursos, y debe administrarlos con diligencia y responsabilidad. Esta misma parábola también enseña que algunos reciben más que otros, pero todos reciben algo y deben ser buenos administradores de lo que les ha sido confiado por Dios.

El objetivo de la mayordomía es dar gloria a Dios

Para el creyente, el gran objetivo de la mayordomía cristiana es dar gloria a Dios y contribuir al avance de su obra en la tierra.

Esto significa que la causa del Evangelio exige de nosotros el buen desempeño de la mayordomía cristiana. Aquí podemos aprender de las palabras del apóstol Pablo: «Así que de buena gana gastaré todo lo que tengo, y hasta yo mismo me desgastaré del todo por ustedes…» (2 Corintios 12:15).

Por último, encontramos en el propio Cristo nuestro mayor ejemplo de mayordomo fiel. Bajó del cielo y vino al mundo para cumplir la voluntad del Padre que lo envió. Si hoy tenemos la salvación es porque Él respondió a ese propósito con una administración perfecta y eficaz (Juan 6:38-40).

¿Eres un buen administrador?

Debemos tener claro que la Biblia dice que todos los creyentes son ministros del Evangelio; embajadores del Reino de Dios; obreros de la obra del Señor en la tierra. Esto es lo que la biblia llama el sacerdocio real de todos los creyentes (1 Pedro 2:9).

Por eso, todos los cristianos deben preocuparse por autoevaluarse sobre cómo ha sido su compromiso con la disciplina de la mayordomía cristiana. Como seguidores de Cristo, debemos hacer esta evaluación personal reflexionando sobre algunos puntos esenciales:

1. ¿Cómo es nuestra administración cristiana con respecto al tiempo? ¿Hemos sido buenos administradores del tiempo que Dios nos ha dado? La administración del tiempo es algo muy importante de cara a los días malos en los que vivimos (Efesios 5:15).

2. ¿Cómo es nuestra mayordomía cristiana con respecto a nuestras posesiones materiales? La Palabra de Dios nos invita a honrar al Señor con nuestras posesiones (Proverbios 3:9). Esto incluye no sólo el gasto de recursos en la obra del Señor (las misiones) y el mantenimiento de las iglesias locales (véase Lucas 16:9); sino también en la ayuda a los pobres y necesitados (1 Corintios 16:1,2).

3. ¿Cómo es nuestra mayordomía cristiana en relación con nuestro cuerpo? La Biblia dice que nuestro cuerpo no debe estar al servicio del pecado. De hecho, no somos dueños de nuestro cuerpo, ya que éste pertenece a Dios y es el templo del Espíritu Santo. Por lo tanto, debemos glorificar a Dios a través de nuestro cuerpo (1 Corintios 6:19,20). Sí, la administración cristiana también incluye nuestro cuerpo; y como buenos administradores, debemos presentarlo a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable (Romanos 12:1).

4. ¿Cómo es nuestra mayordomía cristiana en relación con las ocupaciones diarias en las que participamos? También debemos ser buenos administradores de Dios en nuestros trabajos, en nuestros estudios y en cualquier otra actividad diaria en la que nos involucremos (Colosenses 3:23,24).

5. ¿Cómo es nuestra mayordomía cristiana con respecto a nuestras relaciones? Sobre esto, el apóstol Pedro escribe: «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.» (1 Pedro 4:10).

En conclusión, debemos estar siempre atentos a la administración cristiana en todas las esferas de nuestra vida. Debemos ser conscientes de que los administradores de Dios deben ser fieles (1 Corintios 4:2).

Si quieres profindizar aún más sobre ¿Qué es la mayordomía cristiana?, te recomendamos el siguiente video.

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